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Logotipo de una universidad pública
Barcelona, 1990

El diseño: una asignatura universitaria pendiente. Por un lado, la inevitabilidad de la comunicación mediante aparatos audio-visuales se extiende com una edpidemia —ya hablamos de inmunodeficiencia visual–, extendiendo la magnitud demográfica y las costumbres amateurs de los intercambios de información tradicionales, haciendo crecer la demanda de diseño de un modo ciertamente desaforado.  Por otro lado, la gestión política y el diálogo iniciado en la transición entre administradores y administrados, transformó lentamente las prácticas burocráticas acostumbradas a regirse por los caprichos de los clientes y la sumisión de los proveedores (en este caso, los diseñadores). Ahora bien, el impulso renovador que sacudió el país de arriba a abajo y de izquierda a derecha, tuvo en el diseño de los años 80 un colaborador eficaz.

Y en una cultura que se comunica fundamentalmente mediante imágenes, no extraña que el diseño gráfico adquiriese de pronto un protagonismo tan imprevisto com estratégico. Nombrado casi hijo predilecto de la joven democracia española, la administración votó en masa por el diseño y se lanzó a la renovación sistemática de sus monopolios y estructuras inmovilistas y retrógradas, relanzándolas con marcas y logotipos de una novedad nunca vista, totalmente inesperada, ya que afectó inluso a las Fuerzas de Seguridad del Estado. A rueda de esos acontecimientos ilusionantes, las instituciones universitarias sintieron también el gusanillo de la modernización interna y externa, y la nueva universidad pública Pompeu Fabra tomó el toro por los cuernos a las primeras de cambio. Amparada por una «U» monumental que remite a universidad, las iniciales del nombre inician una construcción formal antropomórfica que culmina con cuatro barras espigadas —afinadas en los extremos— las cuales, pese a proceder del repertorio de los ornamentos tipográficos, los estudiantes en seguida tomaron por los pelos, denominando el picto-logo entero «el greñas». La identificación con la persona de Pompeu Fabra estaba implícita de salida, ya a la hora de proyectarla, pero los alumnos la hicieron suya del modo que, per verguenza o pudor, acostumbran a hacer: diciendo en broma lo que sienten de veras. Al cabo de 25 años de servicio, nuevas estrategias han decidido suplantar la imatge. Han jubilado «el greñas», que se va con un Laus de oro en el bolsillo y la medalla, también de oro, de la UPF (concedida el 20 de diciembre de 2012) en la pechera. Al fin y al cabo no es un mal balance.

© 2016 Enric Satué