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Cartel para los premios Laus
Agrupación de Diseñadores Gráficos del FAD 
Barcelona, 1983

Tal vez piensen que peco de inmodesto, pero la verdad histórica es la que es. Y el «Supertipo Veloz» lo descubrí yo solito, un buen día de 1971. Mejor dicho, me lo mostró con todo detalle su creador, el impresor Joan Trochut, director de la imprenta Sadag. Frecuentava su imprenta y trabé amistad con el señor Trochut, que era uno de tantos impresores que sentían una especial simpatía por los diseñadores. En este caso, él mismo era diseñador, y además buenísimo, ya que creó una fuente tipográfica muy original, y harto eficaz, en unas condiciones muy difíciles. Hablábamos de diseño, él y yo, y aquel buen día decidió superar su exagerada modestia haciéndome partícipe de su ya antiguo hallazgo, que pese a dormir todavía en los cajetines de algunas imprentes, havia pasado de moda y casi no se utilizaba.

El diseño gráfico se mueve despacio. Eo si se mueve. Un ejemplo podría ser este: en 1983, este cartel que anunciaba los premios Laus asombró a los colegas de dentro y fuera del FAD, haciendo renacer un interés inusitado por el «Supertipo Veloz», si tenemos en cuenta que once años atrás, 1972, publiqué un artículo de presentación de mi reciente descubrimiento en el primer número del boletín de la Agrupación de Comunicación Visual del FAD recién fundada.

Era un artículo importante, ya que ocupaba una tercera parte del boletín, y celebraba el hallazgo, en 1942, que hizo Joan Trochut desde un conocimiento profundo de la tipografía (en el doble sentido de letras de imprenta y procedimiento de impresión), con objeto de facilitar formas combinables con las cuales los tipógrafos pudiesen componer letras inéditas para diferenciar los pequeños impresos. Letras y viñetas, ornamentos o iniciales, pues el invento de Trochut hasta permitía componer dibujos figurativos como los que él mismo publicaba en los lujosos álbumes Novadam que editó la imprenta Sadag como modelos de cuanto se podía llegar a hacer, sin poner más límites que el buen gust. Y es que Joan Trochut era todo un señor.  En síntesis, el invento se reducía al diseño de catorce piezas (de las cuales seis las consideraba fundamentales) con las que se podían construir más de cuaranta alfabetos distintos, convencido del lema con el que su padre subtituló los álbumes citados, luchando por «la modernización racional de la tipografía».

He empezado diciendo que el diseño gráfico, si se mueve, lo hace muy despacio. Otro ejemplo de esa discutible apreciación es que han tenido que passar de sesenta años del invento, y treinta de mi descubrimiento, para que entre su nieto Àlex Trochut (diseñador gráfico) y Andreu Balius (disenyador gráfico especializado en el diseño de tipos) lo reanimaran en 2004 mediante la digitalización de la fuente Super Veloz.

Pero eso, si me permiten decirlo así, ya es harina de otro costal. 

 

© 2016 Enric Satué