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Cartel de homenaje a Félix Beltrán
50x70 mm
Valencia, Diciembre 2014

Si el diseño gráfico tuviera nombre podría llamarse Félix Beltrán. Es el nombre de un maestro asociado al periodo probablemente más glorioso de la historia de Cuba. Vivir una revolución triunfante ha de ser una experiencia vital límite para los sentidos y las neuronas, y el improvisado magisterio militante permitió al héroe gráfico de la Revolución codearse con los grandes maestros internacionales, los cuales le enseñaron parte de lo que aplicó en campaña, admirando sin reservas al joven guerrillero que dio al diseño cubano una bandera en forma de cartel que haría suya la revolución social en ciernes.    

Pasados los años, el maestro sigue repartiendo su saber a los afortunados alumnos de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, y en lecciones esporádicas que acepta dictar por el mundo entero, apareciendo como un firme candidato al cargo de embajador volante del diseño gráfico y la comunicación visual internacionales.

Dice el maestro que «para que el público entienda nuestros mensajes hay que ser un poco convencional y hacer evidente lo que no lo es». Cuestión de una sutilidad tal que no puede resolver quien no esté lo bastante preparado, pues acto seguido advierte que «el diseño parece fácil pero es muy difícil».  Cree que «la comunicación, posible a través de distintos medios, no es un proceso aislado, no se cumple en sí misma. Es sólo la parte inicial. El efecto en el público es la parte final. Sin comunicación no hay efecto, pero sin efecto no hay comunicación, al menos la esperada. Ahora, ¿cómo es posible detectar el efecto de la comunicación? El no contar como referencia con la investigación social lo considero mi punto débil». Autocrítico, admite asimismo, en el tono franciscano que le es propio, que «si bien un mal alumno puede ser transformado por un buen profesor, un mal profesor jamás será transformado por un buen alumno». Claro que también podríamos llamarle Bélix Feltrán, para despersonalizarlo un poco y emparentarlo con la épica de las aventuras de Obélix, el capitán Feltrán o los personajes de Harry Potter. Sería un modo de reconocer a quien fue a la guerra armado de carteles —y la ganó— y a quien han nombrado por dos veces doctor Honoris Causa en nombre del diseño gráfico. Una causa que defendió a muerte en la sierra, así como tras los pupitres de las universidades. ¿No merece que le tratemos como se merece?  

© 2016 Enric Satué