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Señalización de la biblioteca
Escuela Técnica Superior de Arquitectura 
Barcelona,  2009 

Que nadie piense que yo iba a imponerles mis ideas, pese a que me rondaba alguna, pero al ver el mobiliario elegido para la nueva biblioteca por el director de la Escuela, el arquitecto Jaume Sanmartí, lo tuve claro como el agua. Cerraba las estanterías, de cabo a cabo, con unos paneles de poliuretano translúcido que, oh maravilla, guardaban la proporción exacta de un lomo de libro cualquiera, y en todas partes del mismo grueso. Allí había, pues, un argumento sólido y congruente por ver de hallar la solución ideal. De tal modo que el grueso del diseño se aplicó a reconstruir la información bibliotecaria necesaria, siguiendo las pautas internacionales normalizadas para los lomos de libros clásicos, con unos tejuelos negros fileteados a la cabeza y el pie, y con el símbolo pictográfico de la casa editora (es decir, logo y símbolo de la Escuela) y con los números de orden correspondientes para identificarlos fácilmente. 

Pero si a la hora de presentarle el proyecto le hubiese dicho al director Jaume Sanmartí que «la forma se adapta a la función», tal como predijo el arquitecto Louis Sullivan, probablemente el director Jaume Sanmartí, a la vista de lo que vio, me hubiese contestado con el «menos es más», el lema inmortal de Mies van der Rohe.

Así, pues, con tal de no alterar el «paisaje» del espacio de la biblioteca, sensible como pocos a los «ruidos» extraños, opté por manejarme con la misma tipografía rotis que figura en el logotipo de la Escuela. La novedad del proyecto, que creo que la hay, reside en la contención y equilibrio de las composiciones tipográficas en aquel templo de letras. En todo caso, si hay la licencia de guiñar el ojo a unos lectores tan espabilados como los estudiantes de arquitectura, al cortar las palabras en formas caprichosas, pensando en la arquitectura antes que en la tipografía. Bien, es un decir, porque la forma gráfica y tipográfica que resulta del libro se llama, justamente, «arquitectura gráfica».

© 2016 Enric Satué