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Imagen para la campaña «Barcelona, posa’t guapa»
Ayuntamiento de Barcelona
Barcelona, 1992

¿Color?: azul, como los sueños de Joan Miró que comparten Barça y Español.

 

¿Guapa o fea?:  Yo la veo guapa, pese a verla como aquellas guapazas que no se maquillan finas y parecen vulgares. Le mejoraría el gusto, que no es muy refinado.

 

¿Qué le falta a la calle?: Silencio audiovisual, hay ruidos que hieren el oido y ruidos que hieren el ojo. Un silencio a poder ser sinestésico, que escuche las formas y mire los sonidos, administrado por el respeto y la educación, formas de cultura que ya no se llevan. Los rótulos comerciales cada dia se parecen más a los titulares de los diarios sensacionalistas: chillones, estridentes y ordinarios.

 

¿Estamos en un parque temático?:  Una ciudad que aspira a convertirse en la mejor tienda del mundo lo dice bien claro. Tener de todo para complacer a todos, he aquí el propósito de un parque temático.  

 

¿Qué queda de la rotulación pionera? Pobres caricaturas: la antigua sombrereria Prats, la tienda de paraguas donde se refugia un bar, en la plaza de Sant Miquel, el comercio de artículos de pintura al lado de El Corte Inglés, que ocupa un óptico. Hay ejemplos al por mayor.

 

¿Barcelona es una buena marca?:  Oh si, inmejorable. Tiene cuatro sílabas rotundas como columnas, y es tetrástila como el templo de la Fortuna Viril de Roma. Y tiene la cadencia femenina y seductora de Venecia o Florencia… en oposición a los viriles y rústicos de Berlín, Munic, Estocolmo, Londres, París, Madrid…

 

¿La marca es diferente para el barcelonés o para el turista?: Claro. La hace diferente según como se mire. Donde el turista paga, el barcelonés cobra. Es como verlo desde un lado u otro del mostrador. Naomi Klein vaticinó que estamos en el siglo de las marcas, y los urbanistas pronostican que la ciudad del futuro no la determinará la arquitectura sino la información. Ante ese panorama las ganas de sobresalir de la competencia se impone a un paisaje urbano adulterado, donde manda quien grita más. Pero esta circunstancia transformadora, deplorable para unos pocos, los tenderos no la desdeñan en absoluto, mientras les conceda beneficios. Así que tenemos que conformarnos con lo que hay, si es que no va a peor, que bien pudiera ser.          

© 2016 Enric Satué