Estudio de diseño gráfico  / enricsatue@hotmail.com  / 93 555 26 15

Cartel oficial de los
Juegos Olímpicos de Barcelona
Barcelona, 1992

Creo poder decir sin ambages que este es un cartel conocido, francamente popular. Y no lo digo solamente por la difusión extraordinaria que le dieron, tanto el Comité Olímpico Internacional como el Ayuntamiento de Barcelona, sino también porque el plagio o la imitación le han perpetuado hasta casi hoy mismo. Ya sé que, según Joseph Ryckwert —un crítico internacional de la arquitectura que sentó cátedra en los años ochenta—, puedo y debo estar orgulloso de que desde su difusión no haya dejado de tener imitadores, porque «una buena idea siempre invita a plagiarla o a imitarla». Sin embargo, pese al legítimo orgullo siento un resquemor cada vez que me tropiezo con alguna, aunque la firme mi apreciado colega Manuel Estrada, quien pocos años después echó mano de la misma solución para un cartel solidario con la paz en Bosnia (estuvo en guerra entre 1992 y 1995) que inluso recibió un premio de una associació de diseñadores de Madrid. ¡Viva el plagio!

El segundo resquemor fue más fácilmente digerible, puesto que utilitzaron las manos levantadas, de distintos colores, para la campaña electoral de un partido o agrupación minoritaria, en unas eleccions de «cercanías». Però el tercero volvió a tener nombre propio y, por desgracia, un final que dio grima: Joaquín Mallo se lo «inventó» para levantar adhesiones para la candidatura fallida de Madrid a los Juegos Olímpics de 2016. ¡Viva el plagio! 

Más allá de tan miserable anecdotario, puedo decir que en el concurso que convocó a una veintena de colegas del más alto nivel profesional y creativo, mi cartel destacó por su singularidad: allí no había ninguno ni de lejos semejante.

Mi hija Helena y mi hijo Claudi, que entonces contaban ocho y diez años, respectivamente, me ayudaron a combinar los colores olímpicos en los dedos de las manos, hallando asociacions lo bastante interesantes como para a incorporarlas al cartel original. En cierto modo, puedo decir que fue una obra colectiva. 

© 2016 Enric Satué