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Imagen de identidad corporativa 
Banc de Barcelona 
Barcelona, 1973 
 

El primer intento de disponer de un banco catalán, moderno y competitivo, fue el Banco de Barcelona, un poco antes de la Banca Catalana y el Banco de Sabadell. El director, un joven emprendedor de quien no recuerdo el nombre —y por tanto no sé si hizo carrera en el sector bancario—, tuvo la audacia de echar a andar con un logotipo revolucionario en el sector.

Solicitó un proyecto a una serie de diseñadores gráficos y acordamos trabajar juntos, a ver qué salía de la experiencia. Como en aquellas reuniones de publicitarios calificadas de brainstorming, que se proponen dibujar un caballo y entre todos acaba saliendo un camello, la aportación de los colegas Toni Miserachs, Josep Maria Trias y Jordi Canyelles, Yves Zimmermann, América Sánchez (entonces no era más que Juan Carlos Pérez Sánchez) y Ferran Cartes, conmigo completando un equipo de primera, no fue demasiado lejos. Suele ocurrir así, porque a la hora de manejar las ideas se pierde la frescura y todo queda en un batiburrillo inconsistente, generalmente complicado y, pese a la presencia de creadores de prestigio, muy poco original.

En vista de que el tiempo apremiaba y no salíamos del punto muerto, se me ocurrió introducir números en las letras, tratando de vincular el nombre a la función. Tenía visto un 3 que hacía de E en un rótulo comercial de la Travesera de Gracia (en una tienda de juguetes que se llamaba «Els tres tombs» o «Els tres tambors» o algo así) me pareció una buena idea traspasar ese mismo criterio a los dos 3 que harían de E y a los tres 4 que harían de A.

La tipografía, racional como es la helvetica, y el fondo de color verde severo de los billetes de mil pesetas, darían sentido a la morfología de la propuesta, que no pretendía ser ninguna broma.

Pese a que durante la solemne presentación del proyecto el presidente —de quien tampoco recuerdo el nombre— durmió la siesta a pierna suelta, mientras pasábamos diapositivas a media luz, el proyecto se aprobó y el banco difundió una imagen verdaderamente innovadora los pocos años que estuvo en marcha. 

© 2016 Enric Satué