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Cubierta de libro
Edicions de 1984 
Barcelona, 2014

Pocas veces he leído el libro al que me dispongo a diseñar la cubierta. Creo que la cubierta no debe meterse donde no la llaman. Eso es cosa del cine, donde a pesar de la excelente selección de carteles que se podría hacer a lo largo de sus más de cien años de historia y evolución, lo más corriente son carteles abigarrados de escenas que el diseñador, instruido por el distribuidor comercial de la película, cree o creen que tirarán del público hasta obligarle a comprar la entrada automáticamente, sin espera. 

El libro vive en otro espacio, sedante en lugar de trepidante, relajante en lugar de excitante.

Y naturalmente, tiene otro tiempo, sosegado e íntimo. Pensemos que el libro entra en las casas

para quedarse, y debe tratarse con el debido respeto, empezando por el autor, que no se merece traduccciones o interpretaciones chabacanas o torpes.

En fin, yo no sé de nadie que compre un libro por el efecto que pueda causarle el diseño de la cubierta. No se le pide eso, o al menos yo no lo hago en general, aunque me retracto, porque si sé de algunos que han comprado un libro por el diseño de la cubierta. Son aquellos que, habiendo apreciado un libro provisto de una cubierta grosera o fea, se han topado con alguna otra edición más digna de encabezar el texto admirado.

El caso es que a la hora de diseñar el libro que tenemos aquí, tuve que leerlo antes de enfocar la cubierta, porque no entendía de qué iba ni qué se proponía el editor. Iniciaba una colección con textos desenfadados, dedicados a un público lector más específicamente joven. Hombre, yo había leído un montón de libros de indios americanos que en mi adolescencia me parecieron perfectamente desenfadados, dedicados a jóvenes com yo, y cuyos autores se llamaban Zane Grey o M. L. Estefanía. Pero sospechaba que esta vez las cosas no iban por ahí. Y como digo, leí el libro y entendí que la cubierta podía reproducir el paisaje típico de los indios (de ahí la tienda) sobre un fondo cálido como la pradera y escrito a mano, con unas letras de palo que a partir del curso 2014-2015 sr impondrá en la enseñanza finlandesa —como todo el mundo sabe, líder en Europa en cuanto a educación. El indio escribe sin tapujos ni manías lingüísticas o morales (dice que estampó un libro de geometría en la nariz de su profesor), tratando de alejarse de la vida que estaba destinado a vivir en la reserva donde vivía con sus padres. Y como la colección se titula «Próxima parada», veremos qué hago para los libros sucesivos; si mantener la tipografía autógrafa desencajada y dejar que los colores llamen la atenció, para los que quieran subirse.

© 2016 Enric Satué